Cumplimos el sueño de recorrer Santander y la experiencia superó todo lo que imaginábamos. Iniciamos en Girón y avanzamos hasta Jordán, pasando por Zapatoca y Barichara, atravesando paisajes imponentes que nos recordaron, en cada kilómetro, la fuerza y la belleza de este territorio.
Cada jornada fue un encuentro profundo con nosotras mismas: ascensos desafiantes, cañones que se abrían a nuestro paso y una geografía que exige, pero también entrega. No solo pedaleamos; nos dejamos atravesar por la experiencia: caminamos hasta la cascada de los monos aulladores, hicimos rafting en el río Chicamocha y dormimos en hamacas bajo un cielo lleno de estrellas.
Fue un viaje intenso, diverso y profundamente transformador. De esos que expanden el cuerpo, ordenan la mente y se quedan latiendo mucho después de haber terminado. Un destino al que, sin duda, volveremos.
