Nos propusimos conquistar el mítico Alto de la Línea no una, sino dos veces… y lo logramos. Este reto fue una declaración de fuerza, determinación y confianza en la manada.
La primera jornada nos llevó de Salento a Toche por trocha, atravesando un imponente bosque de palmas de cera. Un recorrido exigente y profundamente hermoso, donde la naturaleza nos sostuvo y el paisaje —abierto, verde e infinito— nos recordó la magia de pedalear juntas.
En la segunda jornada enfrentamos el ascenso al Alto de la Línea por asfalto. Kilómetros de subida constante que pusieron a prueba el cuerpo y la mente, y que nos llevaron, paso a paso, a conquistar uno de los puertos de montaña más emblemáticos del país.
Más que alcanzar la cima, este viaje confirmó algo esencial: cuando rodamos juntas, incluso los retos más grandes se transforman en experiencias de disfrute, compañía y poder compartido.
