Regresamos a nuestro amado Casanare, esta vez en verano para adentrarnos aún más en este territorio inmenso y sobrecogedor. La brisa constante y el sol fueron nuestros compañeros de ruta así como los chiguiros, los caimanes, las Ibis escarlata y los Garzones soldado. Una vez más, comprobamos por qué este destino nos ha tocado el alma: nos regala momentos inolvidables a cada kilómetro, nos reconecta con la Vida y nos permite disfrutar al máximo de la bici.
