Volvimos a Caldas para confirmar que siempre hay una forma nueva de mirar lo conocido. Aunque recorrimos los mismos pueblos entrañables, esta vez el alma encontró un refugio distinto: un día de descanso absoluto frente a la inmensidad del embalse de Amaní. Esa recarga de silencio en la montaña nos preparó para el encuentro con las aguas de Norcasia, donde el lado más juguetón de la manada volvió a despertar. Juntas en el agua, entre risas y saltos, celebramos este paraíso que nos invita, una y otra vez, a recordar que el disfrute es nuestra brújula más honesta.

Testimonios

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¿Qué fue lo que más disfrutaste del viaje?

Disfruté mucho la compañía en ruta, los paisajes lindos y retarme. El primer día me costó mucho y me sentí mal conmigo misma, pensé que no lo iba a lograr y que no sabía por qué había ido. Pero luego gané confianza y salí al otro lado. El apoyo de todas y el ejemplo (que me hizo admirar y querer seguir) y mi determinación, me ayudaron a avanzar. 

Andrea Cerón, Mosquera. Primer viaje con Las Enriquetas
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¿Qué fue lo que más disfrutaste del viaje?

Hay un antes y un después de las Enriquetas y estoy muy agradecida por haberme encontrado con este espacio y esta oportunidad. 

Paola Castañade, Bogotá. Primer viaje con Las Enriquetas
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¿Qué fue lo que más disfrutaste del viaje?

Fue maravilloso, muy mágico. Todo el tiempo se sintió una energía muy bonita, creo que ayudó que todas estábamos en la misma sintonía de ser libres y sentirnos parte de un grupo. También resalto las palabras al final de cada día, fueron espacios de expresión muy emotivos. 

Ledy Ruiz, Guarne. Primer viaje con Las Enriquetas